Relaciones deportivas e inteligentes

Por Hugo Guerra para El Comercio

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Criterioso lector, es muy interesante el rumbo que están tomando las relaciones peruano chilenas. García insiste –en buena hora– en el enfoque deportivo, centrado en ganar económicamente al vecino. Bachelet responde –también acertadamente– bajando el tono rudo del militarismo y propone “una relación inteligente”. ¿Pero podremos competir sin chocar?

Como destaca “El Mercurio” santiaguino, hemos desplazado a Chile como la segunda economía con menor riesgo-país de América Latina. Pero eso solo significa que si en los próximos seis años mantenemos un crecimiento del PBI en el orden de 7% a 8% anual, si ascendemos en el índice de competitividad mundial (estamos en el puesto 35), si reducimos la deuda pública, si desarrollamos la infraestuctura básica (deficitaria en 16 mil millones de dólares), si preservamos la estabilidad jurídica, si reformamos la justicia y modernizamos el Estado, y si no nos desbarrancamos en aventuras populistas, entonces el 2014 alcanzaríamos macroeconómicamente a Chile.

En ese escenario todavía nos faltaría disminuir la pobreza (42% hoy) y mejorar el ingreso per cápita (ahora los chilenos perciben casi tres veces más ingresos que los peruanos).

Tras casi 80 meses de estabilidad y crecimiento sostenido, sí es posible lograr la meta. En cambio Chile está registrado diversas complicaciones. Todavía un 40% de sus ingresos dependen del cobre; los papeles de su deuda tienen poca liquidez y la concentración en manos de pocos tenedores es castigada; el crecimiento es lento (5,1% el 2007, con tendencia a ubicarse en 4% los siguientes diez años); la eficiencia del modelo económico se diluye por el énfasis socialista en un Estado benefactor inspirado en la experiencia danesa; la volatilidad financiera de 1998 puede reeditarse ante una eventual recesión asiática; la competitividad entre 2005 y 2007 pasó del índice 18 al 26; la baja inversión en tecnología es una amenaza; y el riesgo inflacionario se agudiza por un presupuesto estatal muy expansivo.

Luego, si seguimos creciendo al ritmo actual podríamos liderar varios rubros agroindustriales. Ya lo hicimos con el espárrago: tres años atrás Chile exportaba unos 4 millones de cajas, hoy apenas unas 250 mil porque nuestros productores coparon el mercado internacional.

Chile también tiene una matriz energética desquiciada: importa 99% del gas y 98% del petróleo que consume, y con precios disparatados y proveedores erráticos esa vulnerabilidad estructural es severa.

Frente a todo esto sería estúpido el triunfalismo. Los chilenos ya saben que el partido tiene un tiempo de seis años, por eso Bachelet mueve el eje del diferendo marítimo a la “relación inteligente”; en paralelo acelera su equipamiento militar alcanzando una ventaja operativa de seis a uno sobre el Perú y corteja a los bolivianos.

Nosotros vamos bien, pero adelantemos algunas movidas: subamos (sin impedir) la barrera de acceso de la inversión chilena; condicionemos duramente la complementación dentro del APEC; hagamos ‘paralé’ a las necedades bolivianas; e invirtamos muchísimo más en defensa porque, como en el fútbol, podemos competir amablemente, pero preparémonos para los ‘fouls’.

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